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    Mariano José de Larra

    Por qué, mariposilla

    ¿Por qué, mariposilla,
    volando de hoja en hoja,
    haciendo vas alarde
    ya de inconstante y loca?

    ¿Por qué, me di, no imitas
    la abeja que industriosa
    el jugo de las flores
    constante en una goza?

    Advierte que no vaga
    del alelí a la rosa,
    que una entre miles busca
    y una fragante sola.

    Y cuando ya la elige
    hasta exprimirla toda,
    jamás voluble pasa
    sin disfrutarla a otra.

    ¿No ves también que el pecho
    de ella liciones toma?
    que así jamás libada
    deje de amor la copa.

    Si en tus cambiantes raros
    el sol que te colora
    deslumbra nuestros ojos
    con tintas mil vistosas;

    ¿Por qué, avecilla leve,
    rehúsas voladora
    sola, una flor y un cáliz
    cubrir de orgullo y gloria?

    Para el batir tus alas,
    para en las blancas pomas,
    y en el turgente seno
    de la que el pecho adora.

    Allí una florecilla
    dulce fragancia hermosa
    al seno de mi Fili
    con ambición le roba.

    Vuela, mariposilla,
    que si una vez tan sola
    en sus matices quieta
    de sus delicias gozas.

    No ya más inconstante
    has de querer traidora
    volver a la floresta
    a revolar entre otras.

    Vuela, avecilla, vuela,
    recoge sus aromas,
    y tórnate a mí luego
    y dame cuanto cojas.




    TAMBIÉN EN MARIANO JOSÉ DE LARRA

    Siempre ha gemido la prensa; / pero hoy que le das, Talidio,
    ...Esta, que ves, florecilla, / esparcida en el papel,
    Tente, mentido Fidias que, profano, / dando al mármol inerte alma fingida / tornar imaginabas a la vida / a Cintia bella con esfuerzo vano.
    Llegó en sordo lamento al Manzanares / El grito de los pueblos que cayeron, / Y piadosas sus bellas le ofrecieron / El fruto de sus célicos cantares.
    ¿No te bastan los rayos de tus ojos, / de tu mejilla la purpúrea rosa, / la planta breve, la cintura airosa, / ni el suave encanto de tus labios rojos?
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    Introducción

    Hace más de 2,400 años el padre de la medicina, Hipócrates, reconoció y describió el accidente cerebrovascular como el "inicio repentino de parálisis". Hasta hace poco, la medicina moderna ha podido hacer muy poco por esta condición, pero el mundo de la medicina relacionada con los accidentes cerebrovasculares está cambiando y se están desarrollando cada día nuevas y mejores terapias. Hoy día, algunas de las personas que sufren un accidente cerebrovascular pueden salir del mismo sin incapacidad o con muy pocas incapacidades, si reciben tratamiento con prontitud. Los médicos hoy día pueden ofrecer a los pacientes que sufren un accidente cerebrovascular y a sus familias algo que hasta ahora ha sido muy difícil de ofrecer: la esperanza.

    En tiempos antiguos el accidente cerebrovascular se conocía como apoplejía*, un término general que los médicos aplicaban a cualquier persona afectada repentinamente por parálisis. Debido a que muchas condiciones pueden conducir a una parálisis repentina, el término apoplejía no indicaba diagnóstico o causa específica. Los médicos sabían muy poco acerca de la causa del accidente cerebrovascular y la única terapia establecida era alimentar y cuidar al paciente hasta que el mismo siguiera su curso.

    La primera persona en investigar los signos patológicos de la apoplejía fue Johann Jacob Wepfer. Nacido en Schaffhausen, Suiza, en 1620, Wepfer estudió medicina y fue el primero en identificar los signos "posmorten" de la hemorragia en el cerebro de los pacientes fallecidos de apoplejía. De los estudios de autopsias obtuvo conocimiento sobre las arterias carótidas y vertebrales que suministran sangre al cerebro. Wepfer fue también la primera persona en indicar que la apoplejía, además de ser ocasionada por la hemorragia en el cerebro, podría también ser causada por un bloqueo de una de las arterias principales que suministran sangre al cerebro. Así pues, la apoplegía vino a conocerse como enfermedad cerebrovascular ("cerebro" se refiere a una parte del cerebro; "vascular" se refiere a los vasos sanguíneos y a las arterias).

    La ciencia médica confirmaría con el tiempo las hipótesis de Wepfer, pero hasta muy recientemente los médicos podían ofrecer poco en materia de terapia. Durante las dos últimas décadas, los investigadores básicos y clínicos, muchos de ellos patrocinados y financiados en parte por el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (National Institute of Neurological Disorders and Stroke - NINDS), han aprendido mucho acerca del accidente cerebrovascular. Han identificado los principales factores de riesgo de esta condición médica y han formulado técnicas quirúrgicas y tratamientos a base de medicamentos para la prevención del accidente cerebrovascular. Pero quizás el acontecimiento nuevo más interesante en el campo de la investigación del accidente cerebrovascular es la aprobación reciente de un tratamiento a base de medicamentos que puede invertir el curso del accidente cerebrovascular, si se administra en las primeras horas después de aparecer los síntomas.

    Estudios con animales han demostrado que la lesión cerebral ocurre dentro de unos minutos después de ocurrir un accidente cerebrovascular y puede hacerse irreversible dentro de un periodo de solo una hora. En los seres humanos, el daño cerebral comienza en el momento en que empieza el accidente cerebrovascular y a menudo continúa por días después de ocurrir el mismo. Los científicos saben ahora que hay una "ventana de oportunidad" muy reducida para tratar la forma más común del accidente cerebrovascular. Debido a éstos y a otros adelantos en el campo de la enfermedad cerebrovascular, los pacientes que sufren estos accidentes cerebrovasculares tienen ahora una probabilidad de sobrevivir y recuperarse.

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